viernes, 26 de abril de 2013

El espanto

Cuando llegue el espanto
he de mirarlo entero,
sentir como me roba la voz
y las manos;
sentirlo en mis pupilas
y ser otro espanto
entre su miedo.


Cuando llegue el espanto,
estaré lejos,
tan sólo lograré verle
las puntas de su mudez,
la tierra que arrastra
besándole el pubis y la boca.


Cuando llegue el espanto,
estaré sola, y
en su lejanía será
como un insomnio,
como incompleto,
como el último ladrido
en mi locura.

   Clarividencia de Paul David Bond, Guadalajara (México 1964)

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