lunes, 17 de junio de 2013

1981

Si alguna vez pude ocultarte
la vergüenza de mi pecho
no me creíste,
pensaste en sólo aquella gota
tremendamente austera de mi pelo
y no me creíste.

Ahora te lo estoy contando,

y no me crees.


Ahora te estoy entregando
todo lo perdido,
y no me crees...

Allí quedaron las hojas grandes,

adormecidas por el otoño vago.
Allí quedaron las cartas
que no leíste, la venganza,
la gota
y todo lo que te voy contando.
Aquí, solo yo.
Hundida en el silencio de esta mesa,
relajada sin el éxtasis de tu orquesta,
tenebrosa y dando a luz
al hijo de la muerte temprana,
el que controla los movimientos de la noche
y asusta  a los sonidos primaverales.

Y recuerda
que si alguna vez te compuse unos versos
no me creíste.


Madeline von Foerster, San Francisco, U.S.A 1975.

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