lunes, 25 de noviembre de 2013

Cuatro paredes felices

La felicidad 
son estas cuatro paredes
testigos de nuestras quimeras.
Más allá
no hay nada
porque los ojos del alba
no quisieron que jugaras
con el reflejo del agua.

Y escribo.

Escribo sobre las voces
que caminaban por tu espalda,
sobre los caballos sin cielo
que vienen con la tinta santa,
sobre un amante perfecto
que fecundó en mi alma
tres anillos de inocencia,
del que tan sólo me quedan
la tristeza de su ausencia
y la merced 
de esta agonía inspirada.

Y sigo escribiendo

porque parar no me deja
tu presencia sobre la mesa;
porque no encuentro otra dicha
que la de perseguir sin tregua
el instinto natural
de encontrarte ante la puerta,
sin equipaje pesado,
tan sólo etérea conciencia
con registro de partícula
de ignorada procedencia.

Estas cuatro paredes

me entienden
porque conocen mi letra,
y se mantienen del roce
de infinitas alas sin respuesta,
mariposas que parecen manos
sujetando muros,
muros que nadie sospecha,
donde escribo con las uñas:
¡ Espérame,
que voy presta !


Pintura de Victor Hagea, Rumanía 1948.





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