viernes, 22 de noviembre de 2013

Inclinaciones voluntarias


Un deseo ingobernable se escapa
y deja de ser herida
para convertirse en niño
que corre descalzo sobre la luna;
la palabra
es una pequeña roca,
una atalaya donde divisar
los navíos cargados de despertares,
alejándose tempestivos
hacia mundos suspendidos,
sacos que esconden sutilezas
de innegables evidencias.

Y yo quisiera verlos

desde esta loca ventana,
pero la lluvia no espesa
y su rastro no deja;
sólo el viento se queja
filtrando su fino trino
en los surcos sobre mis cejas.


Santiago Caruso, Quilmes 1982 Argentina.
















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