sábado, 7 de diciembre de 2013

Vestir de insolencia

Escupo sobre las lágrimas
que interrumpen mi náusea
porque no quiero resignación
sino insurrección y venganza.

Vomito sobre los fracasos

que han puesto fin a esta guerra
que nos mantenía alerta 
desde que abríamos los ojos
hasta que cerrábamos las puertas.

Maldigo la paz y el silencio

que han crecido en mis adentros,
como inquilinos sin techo,
negándome la locura
a la que tengo derecho.

Insulto a la doliente poeta,

desgraciada sumisa marioneta
que no escucha mis ofensas,
sus ojos lloran palabras
bajo una tormenta de quejas.

Violento a los verbos perdidos,

a los recuerdos que exprimo;
querer 
poder 
saber
no se acuerdan de que existo
si no profano sus nichos,
pisoteando tristes flores
cortadas para sus hijos.

No,

no me digas que no es justo,
porque la justicia es un símbolo
que balancea en la ceguera,
un vacío que nada de espaldas
en una letrina infectada.

No,

no me pidas que sea correcta
porque hilaste con la parca,
y mi único atavío
es de bizarra insolencia. 



Pintura de Pedro Lira Rencoret (1845-1912)


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