domingo, 12 de enero de 2014

Sólo eso, conocidos...

Yo no te necesito a ti, eres tú la que me busca.

No soy tu enfermera, tú te presentas ante mi con enfermiza amistad.


Te aclaro que ese desenlace, que es el peso de mi alma, nada tiene que ver con esto

que tu llamas vecindad.

Que no eres clara ni pura aún lavando tu carita con el agua bendita

de tu pila bautismal.

Que, aunque me decepciones, aún me sobran cojones para echarme a la espalda

tus observaciones necias, 
tus vírgenes bellas y castas,
tus dominios, que crees que son míos, cuando me mandas a buscar
otra amiga con la que jugar,
cuando aquí la que ha jugado
has sido tú, con mi  cándida generosidad,
con la miserable humildad que yo tengo por castigo
y tu buscas al abrigo de un santo al que implorar.

Aún pareciendo mentira, no te guardo rencor,

porque, si bien, no tengo patria ni Dios
no traiciono ni desprecio, sean amigos o enemigos,
o como tú consideras, sólo eso, conocidos.


Pintura de Colette Calascione (EE.UU).

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