viernes, 14 de marzo de 2014

Aceptar

Cuando uno acepta, 
irremediablemente,
que tiene que morir
no sé si tiene más ganas
de seguir viviendo
o de salir corriendo 
hacia ese momento
razonablemente verdadero.
Uno lo sabe,
no necesita especialista
que le informe de este suceso.
Quien se siente civilizado,
en contadas ocasiones
le da valor a este hecho,
porque todo le viene dado,
y exige su derecho
a no enfrentarse a su destino,
porque se cree dueño de él.
Algunos me tacharéis de fatalista,
o de tener una actitud derrotista.
Nada más allá de mi intención.
Aceptar
no es simplemente conformarse,
es, de manera voluntaria,
recibir y tomar,
conquistar y mejorar.
De los ojos de los que ya no son,
los que aún estamos,
aprendemos,
unos más y otros menos.
Morir
se muere un poco cada día.
Dejar de ser lo que somos
sólo es un instante;
quizá sea por esta circunstancia
que no sepamos vivir,
coexistir,
ya que instante y todo el tiempo
no aceptamos que es lo mismo.
Uno lo sabe
cuando deja de ser civilizado,
cuando se convierte en un asceta,
porque nada le viene dado,
porque no exige y se enfrenta
a su sino sin adueñarse,
viviendo razonablemente
de forma irremediable.

Pintura de Siegfried Zademack, Alemania 1952.


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