miércoles, 23 de abril de 2014

Azahar

Azahar,
aroma de niñez
preñada de blanca ilusión,
caminito de perlas
que borda la inocencia de la mañana
en la zona oscura de la inspiración,
donde la materia prima
es la mueca irrisoria
de un payaso enloquecido
haciendo malabares
con pedazos del corazón.

Probablemente

donde cabe una espina
también hay sitio para escuchar
esas voces pueriles
que corrían entre naranjos
iluminando con sus estridencias
la insensatez de la vida;
y escondida entre las ramas
alimentarse de la fragancia
dulce y nívea de la infancia
en un Levante, hoy marchito,
de vertederos y alambres,
cautivo de la civilización.

Sedante perfume

navegando en las acequias,
nuestros juegos sencillos
de agua cristalina y fresca;
todo era nuestro
sin saber que lo era,
embriagados como abejas
de esta esencia de pureza
que vuelvo a sentir tan cerca
tan lejos de lo que soy...
...esperpento de la primavera.

Azahar,

no me vuelvas a buscar
que me envenena tu néctar
y mi mente ya no acierta
a vislumbrar la realidad;
que sólo quiero olvidar,
y tú me traes remembranzas,
ramitos de ácida esperanza
para adornar esta espina
hija de un albo rosal...
...y aquí, no cabe nada más.



Christian Schloe, Austria.


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