lunes, 2 de febrero de 2015

Suerte de coplas

Tú estabas ahí sentado y no conocías el nombre de las cosas que iban a venir, o eso pensaba yo. Realmente no teníamos consciencia de que todo llega. Éramos incautos en estos devenires. Nos creemos libres deseando, cuando sólo somos prisioneros  de nuestros deseos; deseos humanos de amantes que anudan sus vidas con un lazo corredero del que más tarde o más temprano tendrán que desprenderse. Nuestros cuerpos mortales perecen. Nuestras mentes abstractas viven para siempre en el aire que algún día exhalamos y más tarde, al tiempo requerido, volvemos a inspirar.
De ti me queda el murmullo de tu aroma y lo que quise olvidar. Me queda la impronta de las noches sin dormir, para bien o para mal. No puedo dejar de pensarte y quisiera más y más de ti. A veces pienso que te escuché poco, porque a poco me saben los recuerdos y mi necesidad es otra. Mi necesidad es volver a la puerta de entrada de tu vida, a los mejores años de la mía, a tu salud o a tu enfermedad,  a tu lado, a tu aventura escrita sobre la piel de mis labios.
La vida fue tan dura contigo. Tanta vitalidad fue consumiéndose como una cerilla en mis manos dejando un simulacro de ti.
Mi cabeza dolorida se castiga con los vacíos que has ido dejando. No quiero llenarlos. En esos espacios lloro, grito, pataleo y sangro gotas del amor que me has ido dando. Gotas que llueven sobre mi pelo que tanto has enredado. No quiero llenarlos.
Muchas veces quiero contarte y canto. Vivo entre coplas robadas y versos musicalizados. ¡Que acertado el refranero con sus dimes y "diretes"!: "Quién canta su mal espanta". Y así, cantando, mi alma te alcanza , me da fuerzas ante tanta asechanza que día a día me surge, y que tú, sentado ahí, hace algún tiempo ya me advertiste, y yo, sonriendo, sólo veía tu cara cuando tu razón hablaba.

Jugué y todo lo aposté
a la suerte de tu querer,
 entera a ella me  entregué
convencida de no perder.

Gané tanto como amé
y amé cómo si no hubiera fin,
por un amor como aquél
adicta a este juego me vi.

Pero ganar y perder
son caprichos de la suerte
y sin que pierda el querer
gana a caprichosa la muerte.

Mi suerte fue quererte
y tenerte aquí a mi lado;
mi suerte fue tenerte
pero ahora se ha acabado.




El  desafío, pintura al óleo de Marina Dieul,  Francia 1971.



No hay comentarios:

Publicar un comentario