viernes, 8 de mayo de 2015

Poemas suicidas

Mi sombra planea
sobre el eco de los arrabales
que surgen en las axilas
de los poemas enfermos,
malsanos,
insanos
que evitan el mórbido sol
de los jardines de Adonis
y dejan huella infecciosa
en los ventrículos proscritos
que huyen de la mediocridad.

Intuyen estos insalubres afectados

lo que desconocen sus virus,
virginales e invisibles,
patógenos en pos de una liberación
que solo se obtiene con la muerte,
donde ya no existe extrarradio
para construir sus chabolas.

Educandos de la enajenación,

postulantes estigmatizados
por el hierro de la sinrazón,
con razón suficiente 
para  dejar desmesuras
al albedrío de los gatos
que viven sus séptimas vidas.
No están idos 
ni regresados,
tal vez viajan infectados
por el hedor apasionado
del infierno que ignoramos;
tal vez, 
sin sus esputos,
no sería poesía 
la tormenta al mediodía
ni la hipertensión de la lluvia
golpeando esta mejilla.

Suicidas,

mis poemas suicidas,
enfermos de amor amado,
heridos que hieren sus heridas,
impacientes pacientes
en los hospitales de la melancolía.


Ilustración digital de Cyril Rolando, París (Francia).













No hay comentarios:

Publicar un comentario